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Cuando la negatividad se apodera de nosotros

El pesimista ve dificultad en toda oportunidad. El optimista ve oportunidad en toda dificultad. Winston Churchill

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La capacidad para identificarnos mentalmente con el estado de ánimo de otro se debe en gran medida, a las neuronas espejos o cubelli. Esta habilidad de nuestro cerebro no solo refleja actitudes positivas sino también las negativas.

Como responsables de nuestros estados de ánimo, muchas veces no reparamos en cómo nos afecta la opinión de los demás.

Las ondas expansivas de la negatividad

Daniel Goleman, en su libro "Inteligencia Emocional en la empresa", revela que las emociones son contagiosas. Cuenta que un grupo de actores profesionales con roles negativos y positivos simularon ser empleados de una empresa. Al final del estudio, quedó demostrado que en los grupos de actores con rol negativo, el ambiente terminó siendo negativo.

Las opiniones negativas pueden transformar, incluso, un estado de ánimo positivo. Somos más sensibles ante las malas “vibras”, pues el cerebro imita de manera más fácil, todo lo que sea pesimismo, desesperanza, desanimo o desilusión.

Un virus mortal: la tristeza

Estudios han revelado que existe un vínculo entre los estados emocionales y los modelos racionales. Las emociones negativas segregan ciertas sustancias y hormonas que deprimen al sistema inmunológico.

Esas mismas hormonas presentan un patrón de propagación como los virus, con fuentes de contagio más grandes. Por lo que, en una empresa el desánimo y la negatividad serían el equivalente a una epidemia. Todo esto genera un clima denso en el ambiente laboral, afectando el rendimiento.

En un ambiente cargado perdemos el enfoque, relegamos las metas a un segundo lugar, elevamos la hostilidad, el chisme, y las ideas inútiles. Cambiamos nuestra percepción mental y respondemos con mecanismo de defensas que resultan groseros. O sea, las interacciones que mantenemos actúan como un filtro, analizando nuestro medio desde un punto de vista negativo.

Buenas influencias

“Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres” reza el dicho.

Tenemos la responsabilidad de cuidar nuestra salud física y emocional, pero para eso, lo primero es ser selectivos con los amigos y compañeros de trabajo. Y ser para los demás una fuente de inspiración y positividad.

Si somos los líderes, directivos o personas con cargos en nuestra empresa, es importante motivar a colaboradores y socios. La falta de reconocimiento genera negatividad. Sentirnos valorados y útiles es una de las mayores fuentes de motivación. Cuando existe compromiso y confort en una compañía, la carga excesiva de trabajo no se transforma en energía negativa.

Al ser conscientes del contagio emocional, podemos actuar como antivirales, alentando a los demás con mente positiva. El optimismo y el pesimismo pueden ser estados de ánimo transitorios o rasgos de carácter inalterables. Pero, nadie quiere estar cerca de una persona angustiada, que además, tiene la capacidad de afligir a los que le rodean.

Seamos agentes de cambio positivos, es la mejor forma de ser humanos.

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