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La nueva crisis económica que se avecina será totalmente diferente a la de 2008

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Nouriel Roubini, profesor de Finanzas en la Universidad de Nueva York
Alain Herrera
RedactorAlain Herrera

La crisis de 2008 fue producto de una serie de importantes desequilibrios que produjeron un shock de demanda que hundió el consumo y la inversión. Agentes endeudados hasta las trancas tuvieron que reequilibrar sus balances impidiendo que la demanda tirase del crecimiento del PIB. Sin embargo, "la próxima recesión estará causada, probablemente, por un shock permanente en la oferta, derivado del enfrentamiento comercial entre China y EEUU y de la guerra tecnológica", asegura Nouriel Roubini, economista que vaticinó la anterior crisis y profesor de la Universidad de Nueva York.

En un artículo publicado en Project Syndicate, Roubini cree que "hay tres posibles shocks de oferta negativos capaces de provocar una recesión global en 2020. Todos ellos son reflejo de factores políticos que afectan las relaciones internacionales; dos involucran a China, y Estados Unidos está en el centro de cada uno de ellos (son la guerra comercial y de divisas y la batalla tecnológica). Además, ninguno admite tratamiento con las herramientas tradicionales de la política macroeconómica anticíclica", asegura este experto.

En una crisis derivada de un shock en la oferta de estas características, las políticas fiscales y monetarias expansivas pueden aliviar la situación algo, pero no son una solución permanente ni siquiera a medio plazo. Entre aranceles, proteccionismo y normativas más restrictivas sobre los competidores tecnológicos, las bajadas de tipos y el gasto público poco tienen que hacer para solventar las ineficiencias que van a generar estas disputas entre las grandes potencias del mundo.

Por otro lado, el tercer riesgo importante tiene que ver con el petróleo. "Aunque los precios han disminuido en las últimas semanas, y una recesión activada por una guerra comercial, monetaria y tecnológica deprimiría la demanda de energía y presionaría a la baja sobre los precios, la confrontación de Estados Unidos con Irán puede tener el efecto contrario. Si ese conflicto llegara al nivel militar, puede producirse un súbito encarecimiento mundial del petróleo que provoque una recesión, como sucedió durante enfrentamientos previos en Oriente Medio en 1973, 1979 y 1990", señala el profesor de la Universidad de Nueva York.

Además, el conflicto entre China y EEUU ya está provocando un proceso más amplio de desglobalización, porque los países y las empresas ya no pueden confiar en la estabilidad a largo plazo de esas cadenas de valor integradas. "La creciente balcanización del comercio de bienes, servicios, capital, mano de obra, información, datos y tecnología aumentará los costes de producción globales en todas las industrias". Esto a su vez encarecerá los bienes y servicios que consumen los hogares en un entorno de bajo crecimiento, lo que reducirá el poder adquisitivo de estos agentes y reducirá su nivel de vida.

Roubini cree que si la recesión todavía no ha llegado a nivel global es porque el consumo sigue siendo fuerte, pero la teoría muestra que los shocks en la oferta terminan trasladándose a la demanda con el paso del tiempo. Por ello, el enfoque que están adoptando, por ahora, bancos centrales y gobiernos (expansivo) parece acertado para el corto plazo.

A medio plazo la mejor respuesta es adaptarse a la nueva normalidad de una oferta restringida 

"Pero a medio plazo, la respuesta óptima a los shocks negativos de la oferta no es una política expansiva, sino ajustarse a ellos. Al fin y al cabo, los shocks de oferta negativos de una guerra comercial y tecnológica serán más o menos permanentes, lo mismo que la reducción del crecimiento potencial. Lo mismo se aplica al Brexit: abandonar la Unión Europea asestará al Reino Unido un shock de oferta negativo permanente, y por consiguiente, una caída permanente del crecimiento potencial", asegura Roubini. Esos shocks no se pueden revertir con medidas monetarias o fiscales, sentencia el economista que adelantó la crisis de 2008.

"Esta vez, el mundo se enfrentará a shocks negativos sostenidos de la oferta, que exigirán una clase de respuesta muy distinta en el mediano plazo. Tratar de deshacer el daño con un estímulo monetario y fiscal interminable no será una opción sensata", culmina el economista estadounidense.

 

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FuenteEl economista